Días para Agosto

viernes, 27 de agosto de 2010

Tras muchos años paseando de la mano por las mojadas aceras, Al seguía colgando el último el teléfono, esperando que algún día Luz tampoco lo hiciera y que sus risas llenas de rubor volvieran a escucharse a través del auricular, sonrojados de no querer despedirse primero. Después de tanto tiempo quedando en la misma esquina, Luz seguía mirando a través del espejo de su coche, por si algún día Al volvía a quedarse delante del portal, esperando a que ella girara la calle, con la mano aún levantada y el regazo ardiendo para el día siguiente.

Los dos seguían esperando esos gestos, pero no los reclamaban, porque el tiempo, aunque no mata el corazón, lo calla, y deja que los anhelos se conviertan en hielo.

Porque, a veces, no hay nada más triste, que un recuerdo feliz.

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