
Lucero Alejandra De Santiago Abarca Feliz navidad del 2010
Te quiero regalar una cosa: abre los ojos bien y mira la carta que sostienes en tus manos. ¿Te gusta? Tienes la palabra, la libertad; solo falta que te cosas la alegría entre los dedos y aprietes el botón de Empezar ya, porque lo que te estoy regalando es lo más importante que poseo, es lo más importante que tengo, y ahora esta entre tus hermosas manitas, Lucero, mis sueños, mis esperanzas, mi fe, mis miedos, mis logros, todos son para ti, son para ti y para nadie más, mi amor, todo mi amor, cada gotita de amor que tengo en mí es para ti, cada chorrito de imaginación de mi cabecita es para ti, cada latido de mi corazón es tuyo, todo el aire de mis pulmones es para que me lo cortes con un beso, mis sonrisas, mis bromas, mis miradas, son tuyas, toditas tuyas.
Te regalo lo más valioso de mi, mi vida, mi amor y mi alma, para que hagas con ellas lo que quieras (más te vale que seas linda eh ehh ehhh) Te Amo Lucero, y solo quiero que comprendas lo que tienes ahora mismo entre tus manos.
Existen ciertos momentos en mi vida en los que resulta imperativo que mi mano se arranque a bailar con plena libertad sobre el papel, y lo haga con la compañía de un plumón. Y en cada una de las letras que entrelazo va amarrado un te amo, que me provoca una sensación de un millón de maripositas en mi estómago. Cuando esos instantes llegan recuerdo las caminatas entre las calles, recuerdo tu gorrito y nuestras fotos, recuerdo como me mirabas con mi suéter blanco de cuello alto, recuerdo nuestros besos al son de la fuente, recuerdo que buscabas la copa de los árboles como yo buscaba tus labios. Luego, están las palabras sinceras, las palabras más sinceras del mundo, son esas cinco letras y un espacio que nos enseñamos entre nosotros, son esas palabras que cuelgan en una esfera dentro de tu habitación, son para que nunca las olvides. Son esas palabras que se escriben por esa extraña, pero, maravillosa sensación, que tanto expresamos entre nosotros con la tinta de nuestros labios. Son esas palabras que te ponen el corazón sensible, los ojos a brillar, a suspirar, es la manera en la que nos amamos, y lo bonito, tierno e inocente que es nuestro amor.
¿Recuerdas cuando imaginábamos que pisaría el piso de tu casa hasta que cumpliera los treinta? Cuando entré por primera vez, no te mentiré, nunca lo hago, se me movía el suelo bajo los pies, estaba muy nervioso, muchísimo muy nervioso, entonces me tomaste de la mano, y me sentí muy afortunado, el joven más afortunado del mundo, tomabas mi mano, y la apretabas, era tu manera de decirme que todo estaría bien (¿o era tu manera de decir que ya no podía escaparme?) Recuerdo que comimos pollito en chipotle, seré sincero, no me gusta nada el chipotle amor, pero me comí toditas las verduritas, ¿lo notaste? Y luego cambiamos platitos, y tu mamá te regaño porque no habías comido mucho, fue bien extraño-tierno-simpático eso, porque imagine a tu mamá regañándote por lo mismo a tus treinta años.
Vuelve a abrir bien los ojos chaparrita, y recuerda que tú eres quien robó mi corazón, y que me encantas, que los momentos más lindos de mi vida han sido a tu lado, discutiendo, jugando, bromeando, o en tu cocina, que un 29 de agosto me cambiaste la vida, comenzaste a enseñarme un nuevo mundo, y yo te enseñé las cuatro cucharadas de azúcar, me enseñaste de historia y yo te enseñé los ositos de felpa, me hablaste de García Márquez y yo de mis chistes. Me hablaste de música y yo te hablé de cartas, me enseñaste tu mundo Lucero y yo te enseñé mi mundo, y ahora, ahora estamos los dos aprendiendo de este mundo, nuestro mundo.
Me gustaría decirte, que quiero sentarme a tu lado y sujetar tu mano, y juntos empujar el columpio de Marisol, que quiero ayudarte a servir el jugo de naranja en el desayuno, que quiero discutir contigo por una cama de agua, que quiero pelear contigo por el control remoto de la televisión, que quiero que me acomodes y desacomodes la corbata antes y después de volver del trabajo, que quiero llevarte de vacaciones cada año, buscarte un libro nuevo cada fin de semana, que quiero pintar las manitas de Marisol en nuestra pared, y medirla cada mes, quiero dejarte notitas de amor en el refrigerador, cartas cursis entre tus calcetines, mensajitos entre tus libros, dibujos en tus deditos, y cada mañana y noche, observar juntos nuestras cartas colgando del techo.
Muchas veces me he preguntado por ti, ¿pensarás tanto en mí como yo en ti? ¿Te acordarás de mí con la misma frecuencia que yo te recuerdo? ¿Te picara en la nariz mi aroma como de pronto me pica la tuya a mí? Te adoro Lucero.
¿Te acuerdas cuando me dijeron que eres el bultito que amo? Pues es cierto, eres el bultito que amo, y estas hecha de amor, de harina, algunas cucharadas de azúcar, muchos abrazos, y demasiados libros. Todo está perfectamente horneado bajo el calor de tu alma, y a veces te moldeas, te cambias, giras, te meces a fuego lento, pero siempre eres la misma bajo distintas formas, siempre eres tan perfectamente perfecta para mí.
Eres maravillosamente perfecta en tu simpleza, en tu complejidad, eres genial en tus comunes y rarísimos ingredientes, tu interior es la miga de la bondad, el bocado de amor puro. Tienes la capa justa de betún para protegerte de mis locuras foráneas de este mundo, en ti no hay ni un granito de maldad ni daño, nunca pierdes esa esencia que tanto me enamora, cada vez que te pruebo en un beso, y tú alma cruje, sé que para mí, tú eres perfecta. Eres mi pastelito.
Abre los ojos, ahora sal de tu cuarto y presume tu regalo. Ya te lo he dicho, falta que mezcles el arte, que de ese tienes de sobra, con la alegría y las ganas de vivir, vuelve a abrir los ojos y recuerda que tú eres quien se robó mi corazón, tómalo y baila el baile de la victoria.
¿Has abierto ya los ojos? Pues disfruta de esta noche y de todas las demás.
Se te ama con todo el corazón. AlanS Salvador Andrade Vazquez