Perdido. Así me siento. Perdido de par en par, de blanco al negro, sin rumbo y con dirección a la distancia, a las maquinitas de popis. Perdido de mí y de ella, de mi vida y de su vida –de nuestra vida-. Perdido de mis tan adorados sueños de agosto, perdido de mi adorable mechón, perdido entre mi realidad, entre mi espuma existencialista. Perdido en mi propio carro que tan lindo se ve en el taller (nótese el sarcasmo).
Me quedan mis manos, mis piernas, mi estomago, mi alma, mi corazón y aquello que llaman espíritu, para algún día retomar el rumbo de mi vida, estar perdido me está descolorando pero no hay día que no me pinte, a ratos, a mis ratos, mientras escucho mi música, mientras leo mis libros, mientras leo buenos correos llenos de berrinches –y por que no decirlo- llenos de talento también (a veces pienso que tienen más talento en una oración que yo en 100 hojas) mientras dejo y recibo mensajitos, mientras pienso en mi chica miniatura, mientras pienso en el cine y en mi próxima gran aventura.
Los que más quiero y me quieren… ¿Siguen ahí? O ahora me quieren de lejos –eso me parece, y me duele-.
Perdido, de la vida que desearía vivir y que, aunque sigo viéndola ahí, con todas sus luces, no la alcanzo.
Al final todo trata de lo mismo, o surge por él, de él, o es consecuencia de él, o no va muy lejos de él, porque cuando nos llena y luego nos abandona, son demasiadas las heridas, demasiadas las arañadas, demasiadas las tristezas, que se cristalizaron en lo más profundo, en donde no llegan las palabras de consuelo, los ánimos, ni los sabios consejos de vidas ajenas, ahí en lo más hondo cuyos interiores están decorados con una linda exposición de líneas y puntos sin sentido en un lienzo olvidado en el sótano al fondo de la última sala del mausoleo abandonado, y hablo de eso, de eso que nos mece, nos espabila, nos arrulla, de eso que necesitamos, de eso que es o no es, de eso que no puedes tener a medias y no se debe entregar si no es por completo, de eso que nos hace fuertes pero también vulnerables, de eso que nos hace entender y asumir que somos seres especiales, llorosos, atormentados, frágiles, protectores y muy valientes.
--HABLO DEL AMOR—
Quiero decirte algo, algo que pienso desde el corazón y siento desde el cerebro,
Quiero decirte algo desde la melancolía de los sueños no cumplidos
Desde los desencuentros inesperados
Para que lo ordenes cronológicamente
Desde el que me hizo perder la cabeza
Hasta el que me enseñó que todo se aprende
Como un dibujo en medio del aire, poniéndole vértices imposibles al espacio que nos separa. Cada esquina de nuestra distancia es una razón para extrañarte y quizá por eso se nos parte el alma, tan partida, tan herida. Tenemos demasiados planes escritos en la espalda como para que las cicatrices que nos haremos a la fuerza de extrañarnos tanto, tanto, tanto, las borren.
Dicen los poetas que todo se puede versar, como si supieran de lo vivido algo más que lo escrito. Nuestras vidas no pueden tener una asonante ni un soneto de esos de a catorce porque tenemos demasiados matices escritos en la espalda, muchos espejos asomados en las cicatrices que nos hicimos a fuerza de querernos tanto, tanto, tanto, tanto amor vertido en alguna alcantarilla de esta maldita ciudad que nos verá escapar algún día juntos.
Y aquí de nuevo, desgañitado en medio de los hielos y algún alcohol lleno de grados y de vergüenza, desentendido de las afueras, perdido en los alrededores de mi mismo, ajeno de mi razón y mi estilo, aquí sigo, saboreando otra noche de pólvora, con azufre en los dedos, aquí seguiré, seguro, en un permanente debate entre la muerte, tus ojos y mis recuerdos.
Porque cuando escribo mis pensamientos sin envoltorios
Es cuando menos los entiendo
Por esas 3 oraciones de 3 personas distintas
*Dónde te encontraría si estoy perdida en ti, buscando dirección al rincón de tu boca, llena de mariposas, llena de amor*
*Sabes que aquí estaré si llegas sonriendo o llorando*
*Reconoces a esa persona cuando sabes que no necesita una máscara para sacar una sonrisa*
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