Esta tarde es un cello de lluvia sobre una calle empedrada, y sobre los trazos de agua esta, quizá mi mirada perdida en alguna vaga esperanza con melodía desconocida. Me da de nuevo por cerrar los ojos y redescubrir las palabras del teléfono, como extrañas y sin vida, cómo si tú en medio de la noche, mi chica con vestido blanco, debajo de la luna, frente a la iglesia. Totalmente a oscuras, con besos indecentes y miradas inocentes. Ahora aquí estamos, con este veneno de música, versos y decadencia.
En una gran palabra, tan corta pero lo expresaba todo, Lo sé, lo sabes, tan adentro que nadie más podría entenderlo.
Luego está la otra gente, la de alrededor, que tiene sus propios adentros, pero que no sabe nada de los míos, de los tuyos, de los nuestros.
Porque algún día dejaras de mirarme entre canciones, de rozarme en lo discreto.
Ella. Ella con sus adormecidos cabellos, ella con su anochecido aspecto, era ella, con su voz dormida entre mis besos, con su mirada a lo largo mis pasos, de mis pasos sin ritmo. Ella y mi agosto, mi dulce agosto, mi café mañanero y nuestro tiempo, nuestro tiempo de sonrisas y nuestro tiempo inmaduro y cabrón. Ella y aquellas caminatas, a ella que le gusta calzar mis besos, a mí, que me gustan las migajas. ¿Qué opinas de pasear por los pasillos juntos? ¿De esperarnos afuera del salón? ¿De despedirnos con un beso? ¿De desayunar juntos? ¿Qué opinas de que nuestro agosto este a menos de 30 días? –¿Qué opino?-- Que nunca podría matarnos ese sueño, que a veces ese agosto tiene más vida que yo, que me muero de ganas por verte con tu cara de dormida por la mañana.
Porque quiero ser feliz, y si eso significa no serlo conmigo, pero si contigo, adelante. estoy dispuesto.
odio que mis pasos se queden sin ritmo por ese dolorsito, odio ese ardor que de noche no me deja dormir, odio que las burbujas no me quitan ese dolorsito, y odio mi television con todo todo todito mi corazon.
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