Tienes esa piel que yo extraño, tienes esos ojos que tanto veo en todos lados, tienes la sonrisa por la que suspiro, tienes las manos que quiero entrelazar, tienes los labios en los que me quiero ahogar, tienes el corazón que amo. Soy el habitante de tus ideas, de tus palabras. Después de tantos días definiéndome, no sabes cuánto he caído en el óleo vacío, áspero, crudo y desabrochado.
Tengo una vida profunda, llena y vacía, algunas noches leída, otras tantas compartida. Tienes de mi lo que buscas, y yo solo te busco a ti, de noche y de día, de matemática o escritora de mil sabanas deshechas.
Cada vez que me miras tienes un hombre diferente frente a ti, y quizá todos ellos sean la mitad del que algún día fui. Pero es suficiente.
Ahora ya no eres, con ese ombligo endiosado y esos sueños tan melancólicos. Ahora no necesito que rimes con nada. Te has convertido en mi libro de autoayuda, en una novela superventas, en una nocturna de Chopin. Soy el inquilino de tus brazos. No me regalas ni la bolsa para llenar los minutos, pero es que me cargo la ligereza en las entrañas, y dejo en las letras el alma, y el corazón en tu subconsciente.
Hola… Oye, oye, oye, oye, ¿Cuál es tu nombre? Encantado, bienvenida. Te puedes quedar para siempre si quieres. Y, si no, pues deja la puerta abierta para que entres cuando quieras.
Mi latido siempre alberga vida, pero su tic tac no es el correcto, siempre llega el tac antes del tic, y eso duele.
Hoy me adhiero a la piel del romántico con la pistola en la sien, hoy me bebo las noches y lleno mi estomago con indiferencia, me tiembla la mirada y las arañas ahora también bajan a picarme, y ya no me tengo en dos pies sino en tres, con cada sorbo entiendo mejor, con cada sorbo comprendo que eres infinita, y que jamás te extinguirás, pero a veces te consumes a ti misma.
Párate aquí mismo y contempla lo que hemos hecho, párate aquí y abre esos ojos, párate aquí y suelta ese miedo, párate aquí y permítete ser feliz, párate aquí y mira ese valle perdido que está justo delante de nosotros. Párate aquí y mira el valle perdido donde el tiempo se ha ido remansando hasta tal punto que incluso a veces dudas de que pase. Párate aquí y deja que tus oídos escuchen el susurro de mis palabras. Párate aquí y mira la sombra de nuestras narices del por fin cercano agosto. Párate aquí y mira el camino en el que pasaste esos días escondidos. Párate aquí y toma mi lugar porque yo ya me estoy resbalando… Y, si me quieres ahí arriba contigo, toma mis manos y no las sueltes, escuche que dentro de poco llegarán los refuerzos, algunos con nombre, otro sin nombre y una última con diversos gorritos.
Era uno de esos correos. Lo siento.
Te Amo Lucero.
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